Bueno, bueno, bueno. Se me van acumulando las preguntas. Vayamos por partes que dijo Jack el Destripador...
La conversación que pusiste no creo que sea muy fidedigna, ni valga de ejemplo. Lo de gordo lo consideraré como un apelativo "cariñoso". No acepto lo de machista ni en broma. Pero mucho menos ese lenguaje cutre que has supuesto en mis intervenciones. Por eso sí que no paso.
Yo, conocerte, ya sabes que poco. Y cuanto más se de tí, menos capaz me veo para predecirte. De individualismo, este humilde anacoreta usa demasiado, así que ningún consejo puedo mejor darte, que el que diga que no sigas mi pasos. Sólo por si acaso me equivoco, ya que mi plan es único, y fallar siguiendo el rebaño de borregos, no causará tanta desazón como fallar en solitaria y arriesgada tentativa.
Para tu último artículo podría decir que el acoso mayor es la ausencia, que en vez de escribirte canciones ahora posteo artículos en nuestra bitácora de la distancia, que las fotos rotas y escondidas duelen, que la ilusión cuesta muy cara en estos tiempos que corren nublados. Pero no quiero ser tan cruel, y no lo diré. Te diré que el pasado bonito debe sonreirse y no ansiarse, que el malo debe reirse, que el presente son pececillos inadvertidos en la orilla del mar de Valencia que deben ser descubiertos, y que el futuro son planes de más panes y de más peces, siempre milagrosos.
Mararía, tu problema es que adaptas el síndrome consumista a los sentimientos. No menosprecies lo que tienes, ansiando lo que no lo que ahora sonaría distinto.
Y mi pregunta es: ¿por qué siempre uso este tono de telepredicador cuando hablo contigo? ¿O es siempre?